TAROT |
Arcano
10 - La Rueda de la fortuna

La idea que encierra este arcano es tan antigua como la humanidad,
pues desde siempre se ha comparado la mutabilidad de los acontecimientos
de la vida con los movimientos de una rueda que parece girar eternamente,
como si la danza de la humanidad estaría sujeta a los vaivenes
del destino, cíclico y movedizo en los cuales con frecuencia,
nos lleva al éxito para después bajarnos y mostrarnos
la subida o el fracaso.
Los
griegos crearon la imagen de La Diosa Fortuna, proyectándo
en esta energía los ciclos del destino imprevisibles, los
nacimientos y muertes sucesivos, la fatalidad y la reencarnación.
Tal
vez esta imagen arquetípica represente la evolución
de la vida, desde la infancia hasta la vejez, y de la miseria al
trono del éxito atrapado en una secuencia espacio-temporal
al que llamamos vida humana. La rueda representa el movimiento cíclico
que rige a la vida humana, su centro es de color rojo para resaltar
el dinamismo y la energética que la sostiene. Se sostiene
sobre sobre dos montantes para indicar que su acción no es
azarosa ni casual, sino está guiada por una especie de inteligencia
que la sostiene.

El
diez el número que cierra un ciclo, siendo a la vez término
y principio. En hebreo se corresponde con la letra yod, origen de
las restantes letras del alfabeto, lo que nos da una idea de principio
de toda vida y destino. Es el símbolo del karma, que persiste
a través de las distintas existencias, por lo que el cambio
de cuerpo y la evolución tienen lugar en forma cíclica
hasta que se logra extinguir o trascender la rueda del karma. Es
también un recordatorio y una lección esotérica
de nuestra existencia transitoria para que aprendamos a valorar
el tiempo presente y dejemos de administrar mediocridad pensando
en el pasado y en el miedo subconsciente instalado en la raza humana
en la época pasada, que nos impedía dejarnos fluir
con la corrientes de la vida.

Esta
lámina nos enseña que toda vuelve, todo gira eternamente
y nada cambiará alrededor a menos que uno mismo se vuelva
consciente, se valla al centro del ciclón y despierte en
sí esa fuerza, esa chispa, esa conciencia testigo que los
antiguos llamaron meditación; es tal vez la rueda el vehículo
para que tomemos conciencia de la interiorización y la extraversión;Como
en la antigua y famosa mesa del Rey Arturo y los caballeros de la
tabla redonda, cuando aprendemos a enfocar nuestra atención
en el centro es posible que resplandezca el Santo Grial de nuestra
propia iluminación.
Javier Di Vito
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